Dicen que cuando estas estudiando fuera de tu casa, en otra ciudad te dedicas a salir de fiesta, haces excesos, cometes locuras y se supone que va a ser la mejor época de tu vida, eso dicen.
No sé si será esta la mejor época de mi vida o habrá otra mejores, lo que si tengo yo muy claro es que lo que vivo hoy no lo viviré mañana y que cada momento es irrepetible.
Y este fin de semana ha sido tranquilo, descansado, casi no he salido, encima estoy con anginas, los ganglios inflamados como pelotas de golf, ¡ummm, qué pijo queda esto! Mejor decir de billar, ¿es menos pijo?. Bueno ¡qué más da! , supongo que poco importa y creo que tengo fiebre, pero no tengo termómetro. Además tampoco iba a arreglar nada el saberlo, que yo sepa el termómetro no baja la fiebre.
Y antes, hablando con el friki mientras desayunábamos, nos hemos acordado de una noche del curso pasado, he decidido escribirla por que fue memorable y se me había olvidado ¡ joe. qué mala memoria tengo!
Lo que aquí quiero contar sucedió una noche cualquiera de un fin de semana del invierno pasado, una noche fría de esas de niebla cerrada. Recuerdo que tenía mucho sueño y me quería ir a casa, estábamos en un bar de esos donde se baila, puede que fuese el bar de siempre, mis amigos son de ideas fijas, siempre hacen lo mismo, caiga quien caiga, nunca hay sorpresas.
Y sigo contando, me acerco al friki - que aquí en este relato lo llamaré Aquiles como el héroe de la Odisea, ¿por qué? No lo sé, simplemente por que me apetece.
Y le digo : -Tío que me piro a casa que tengo sueño y son las cinco de la mañana.
Aquiles me contesta: - Espera que yo también me voy.
Estaba comiéndole una tía la oreja, pero se conoce que la tía esa no le molaba y entonces me debió poner de disculpa para quitársela de encima.
Nunca he hecho una descripción de Aquiles, supongo que nunca ha habido ocasión, además como lo llamo el friki puede haber ya una predisposición a pensar que es poco agraciado o quizás algo raro. Si, raro si es, pero es un tío muy guapo, para que mentir.
Debe medir casi un metro noventa, delgado, moreno, ojos azules, ¡buahh, es un bombón! como dice alguna, jeje, pero para mi que lo conozco de cuando era pequeña es como un hermano.
Es un tío que se presenta cada mañana en su facultad ataviado con una chaqueta de pana negra y camisa o camiseta, se abriga poco, nunca tiene mucho frío y usa unos pantalones vaqueros de esos que valen una pasta, hijo único, niño rico. Como dice mi amigo del alma “buen partido” Le encantan las películas de gansters, sobretodo la saga del padrino. Y en música es raro, raro, le gusta el rock de Elvis, además a veces se pone heavy, como la de ACDC. Con la música depende el día que tenga, por que otras veces nos ralla con Sinatra. Un tío peculiar como se ve, de ahí que yo lo llame friki.
De toda formas he de decir que es un tío con clase y buen gusto, jeje lo digo por si un día lee esto.
Esa noche al final salimos del bar e íbamos caminado por la calle, para ir a nuestra casa hay que pasar bordeando un parque, pero este tío que a veces tiene ataques de extravagancia mezclados con el alcohol, se le ocurren cosas raras, de pronto me dijo:
- Espérame un momento que voy a mear detrás de un árbol aquí dentro del parque.
Yo me senté en un banco al lado de la acera y me puse a esperar a pesar del frío y de la niebla que había aquella noche.
Pero, al minuto siguiente empiezo a oír gritos dentro del parque.
- Joderrrr tíaaa que el estanque esta lleno de patos, que tenemos comida para mañana.
Y mientras lo sentía correr, me acerque a donde estaba y lo vi en medio de la niebla corriendo de un lado para otro detrás de los patos, estos no paraban de revolotear impidiendo ser atrapados por las manos de mi amigo. Aquello era un gallinero, pero de patos por el ruido que había, todos los pobres patos alterados lanzando graznidos, intentando volar, escapar de aquello.
El agua del estanque estaba casi helada pero a Aquiles no le importaba, allí se metía con las botas puestas.
Yo le decía: - Venga déjalo ya, que no me gusta la carne de pato, además ¿quién lo pela? No pretenderás que lo comamos con plumas.
Y seguía argumentando:- ¿Y quién lo mata? ¡Deja a los putos patos!
Aquiles allí empapado ya, seguía detrás de los patos.
Yo volvía al ataque: - ¡Déjalo ya! Vamos a tener problemas, como venga la poli te ponen una multa o te llevan a chirona y yo, no te conozco.
Aquiles decía: - ¡Qué coño! ¡Aquí no hay nadie! ¡Hazme una foto ahora mismo! ¡Esto es algo que pocas veces en la vida podré hacer!
Y yo: ¡Qué coño!! ¡Sal! y no hagas más el imbécil que todavía tendremos problemas.
Aquiles: Los patos son miosssss, quiero comer pato a la naranja como el de los chinos.
Viendo la situación decidí largarme de allí, se lo dije y me fui, pero al irme por fin sentí que venía detrás de mi, yo cada vez aligeraba más el paso, lo que quería como fuera era alejarlo de allí.
Y Aquiles detrás de mi diciéndome:- No te escapes que tenemos que volver a por un pato.
Yo: - Vuelve tu solo, yo me piro a casa.
Aquiles: No, a casa tu sola no, que te pueden salir uno vándalos y pueden intentar violarte.
Yo: - No hombre ¡qué no! No, aquí no va a pasarrrrrrr absolutamente nada. Nada jaja, y me entraba la risa aunque no quería.
Aquiles: - Ah, ¡no! Pues mira ese coche que viene por aquí atrás.
Nos giramos y si, un coche se venía hacia nosotros, y un tío que sacaba la cabeza por la ventanilla de atrás.
Aquiles : - ¡Corre tía, que son unos pirados y nos vienen a matar! ¡correeeee! ¡CORREEEEEEEEEEEEE! – Gritando muy alto, supongo que para espantar el miedo.
Yo corrí un par de pasos y decidí frenarme y hacerme la loca. Además ya no podía con mi alma, no respiraba, tenía un ataque de asma ¡ventolin!
Y le dije : - No corras tío, si nos van a matar, al menos que nos pillen relajados, sin sudar y yo sin asma, que prefiero estar viva al menos me puedo defender.
El coche llegó hasta nuestra altura, el tío que asomaba la cabeza por el cristal de atrás nos pregunto:- ¿Oye sabéis dónde están los clubes de alterne de la ciudad?
Yo le dije: - No tengo ni idea, no usamos de eso.
Él respondió: - Como que no, si tienes toda la pinta de puta barata y tu amigo de sopla pollas.
Salimos de allí corriendo, suerte que nuestra casa estaba cerca y nos encontramos el portal abierto, por que si tenemos que abrir con llave de los nervios no logramos encajarla en la cerradura.
¡Y es qué vaya noche! .