Foto de Carol Szabicot

Hoy va a ser un día de esos raros, lo intuyo, lo sé y me molesta saberlo, hace que me sienta rara yo también. Sólo son cosas imaginarias, fantasías, surrealismo, pero así es mi vida, cada minuto, cada segundo es un sueño.
Hay una palabra rara “boldete”, no la busquéis en el diccionario porque me la acabo de inventar, pero con esta palabra puedo
describir junto con las “niñas sin cabeza” como es mi día de hoy, y es que seguro que no conocéis a estas niñas, pero os puedo asegurar que os habéis encontrado mil veces con ellas sin enteraros, quizás todas las mañanas cuando cogéis el metro, el autobús o incluso el tren allí están ellas vigilando, allí viven y nunca salen, son como aquel hombre de aquel cuento de Cortazar, del que no me acuerdo el título ¡vaya, mi mala memoria!, en que un hombre se quedaba para siempre encerrado en el metro, en las
profundidades de la tierra, en los pasillos y galerías del suburbano, y ya no podía salir a la superficie nunca más, se quedaba allí atrapado. Pero esto es ficción, simplemente es algo que estaba en la imaginación de Cortazar, y lo plasmo en uno de sus libros. Esto
que yo os cuento, estas niñas, son reales, muy reales, son incuestionables.

Y es que anoche ya se sabe, era jueves, salimos. He venido tarde no sé que hora era cuando llegue, he estado toda la noche dando vueltas en la cama y a las nueve y poco ya tenía los ojos abiertos como platos.
He mirado a ver si mi vecino el que anoche no encontraba su casa, el que se nos acoplo, al que le pusimos una colchoneta en el pasillo, un friki de esos. Mire a ver si se había ido, pero no, allí seguía dormido, se había quitado la camiseta y se ha quedado con los vaqueros puestos, muy pudoroso él, se ha quedado con el torso desnudo, umm no está nada mal físicamente el pavo, pena que sea un poco simple.

He hecho un desayuno escaso, mucho café y una triste galleta, pero no había más y me he metido en la ducha un buen rato, soy poco solidaria, el agua es un bien escaso.
Anoche cuando llegue estuve buscando un teléfono, el teléfono
de un tío, pensé que lo tenía apuntado en unos apuntes, lo revolví todo, y es que a veces se me ocurren cosas raras, pero tampoco había bebido mucho, me odio cuando hago esas cosas.

Y para evitar las sensaciones raras que a veces tengo me pongo a leer libros raros que cuentan cosas raras y que me trasportan a otra realidad y cuando veo que ya llevo un rato leyendo y no sé donde estoy, ni lo que hago, ni lo que siento, me pongo a escupir delante del teclado, es decir me pongo a escribir lo que me sale.

Y los días pasan entre practicas y clases, quiero cambiar la decoración de mi cuarto, pero lo malo vendrá esta tarde cuando necesite un abrazo y me diga que “tranquila, que no pasa nada, que él está ahí siempre, siempre a mi lado cuando lo necesito”.

No es nada fácil dormir, las horas pasan y mi mente viaja, sueña, crea fantasías y así pasa mi tiempo entre sueño y sueño, entre mis sábanas mientras miro por la ventana o miro las sombras que
refleja la luna en la pared o en el techo y un día antecede a otro y yo aquí sigo con mi meta y con mi objetivo que no cambia
.

Y así consigo sonreír.