Fotos de Steiglitz

Anoche hicieron botellón en casa,
y digo hicieron porque yo no bebí apenas, casi no recuerdo nada, sólo sé que esta mañana cuando me he despertado estaba dolorida, no estaba en mi cama, abrí los ojos y no sabía donde estaba, me costó n poco darme cuenta y además no veía nada, estaba todo oscuro y encima olía a tabaco.

No me gusta la lluvia, no me gusta ver caer las gotas sobre el
suelo, no me gusta mojarme con ellas. Está mañana no me desperte como cada mañana, me desperte con frío, saco un pie
fuera de donde estaba tumbada y me dio un escalofrío que recorrió todo mi cuerpo, me desperecé e intente ver
algo.
Abrí los ojos, parpadeo varias veces para comprobar si es ilusión o realidad, después siento que mi piel se adormece, me desperezo otra vez, y empiezo a pensar, empiezo a ver algo y a darme cuenta de donde estoy, empiezo a palpar lo que me rodea y entonces caigo de que anoche estaba sentada en el sofá metida en mi mundo mientras mis amigos bebían y decían tonterías, recuerdo que me reía mucho a ratos cuando conseguía interesarme por algo de lo que decían, recuerdo que habían decidido salir un rato y recuerdo que a mi de pronto me entro un sopor infinito, no recuerdo más, para qué, se conoce que me
quede profundamente dormida y allí me han dejado toda la noche.

Sin embargo para mi aquel día el sol brilla tras las nubes
invernales. Me acerco a la ventana, noto el frío y la humedad de la calle, es
un día de esos con luz tenue, un día maravilloso para dedicarse ha hacer fotos, fotos que luego servirán para poder meterse en ellas, cuando un día tenga que limpiarle el polvo de los años.

Desayune café y cualquier cosa y al abrir el armario para vestirme otro día más no sabía que ponerme, fuera
hacia frío, mucho frío pero que importa, o quizás no y era mi sensación. Mire el armario abierto durante un rato y de pronto descubrí que estaba en la luna, pensando soñando con otras cosas, pensando soñando. Mecánicamente empecé a vestirme, con el pelo aún mojado y
chorreando ¿Cómo me visto? ¿qué me pongo? esta claro que debo ir como una cebolla, hoy es uno de esos días que al medio día con el sol hace calor pero que luego se mete la niebla y te mueres
de frío. Lo malo del estilo cebolla es que al sol pasas calor o te toca ir cargando con la ropa, y luego mi garganta se resiente. Y así me pongo tres camisetas de tirantes, dos de manga larga, un jersey, unos leotardos y un par de calcetines debajo de unos pantalones de pana que me quedan dos tallas más grande, las botas más cómodas, el abrigo negro largo, la bufanda y el gorro de
rayas, me cuelgo la mochila al hombro y me largo a la calle a pillar momentos felices con mi cámara de fotos.

Inmediatamente mis manos se quedan frías heladas, mi nariz la intuyo colorada, los pies no sé si son míos o del vecino, pero luce un bello sol que me hace sonreír. Camino por las calles medio vacías, de pronto me encuentro con una amiga que viene hacia mi vestida de domingo, con muchos colgajos al cuello y unos zapatos de cuento de hadas, como una princesa. Me cuenta que todavía no ha dormido, que lleva toda la noche de fiesta, me cuenta sus batallitas con los tíos, presiento que ha bebido más de la cuenta, la veo un poco perjudicada, nos despedimos con un beso que sabe a rancio, si, el olor del alcohol mezclado con el del tabaco, ella también se despide posando para mi cámara y me dice que me lo pase muy bien en su compañía.

Acabo llegando al río que echa un pestazo a agua contaminada, hace mucho frío, saco humo por la boca, parece que estoy fumando. Hago mil trescientas fotos de hojas, del agua, hojas
arrastradas por el agua, muchas hojas y más hojas. Luego me vuelvo y según voy subiendo por una calle estrecha, le
hago fotos a la parte antigua de la ciudad, a las piedras viejas que deben guardar muchos recuerdos y muchos secertos, recuerdos de años, de siglos y secretos de amores no correspondidos, de amores infelices, los otros amores no los archivan, se
evaporan con el tiempo.

Llena de inseguridades, confusiones y contradicciones seguí sacando fotos y más fotos, mientras pensaba y soñaba, perdí tiempo mirado detrás del objetivo, perdí tiempo pensando a través de la cámara, pensaba y soñaba. Y fue pasando la fría mañana, deteniéndome mucho rato en una esquina ante un violín, viola, violonchelo y contrabajo que tocaban La Primavera de Vivaldi. Tentándome con las fotos y pensando en la suerte de que al menos aún tengo a alguien que se supone que me quiere.

Llego a casa helada, lo primero que me apetece es descargar las fotos de la cámara, jodee pero no encuentro el cable ¿dónde está? No sé donde lo puse, seguro que me lo quito mi hermano,
tengo la tarjeta de la cámara llena, tengo que formatearla y no aparece el cable, supongo que solo de mi cuarto no se ha ido, yo que sepa no tiene patas, no hacen móviles aún los cables por mucho que el autista diga que si. Ha sido mi hermano que me lo ha quitado, al final me he peleado con mi él, mi relación con él se funda en la de hermana pequeña – hermano mayor, esto hace que se crea que siempre tiene la razón, le he revuelto todo y al final he encontrado el cable atado a la lámpara, ¿qué hacía allí? Misterio. He descargado las fotos, me he quedado sola. Y es que alguien me enseño a soñar sola. Intento recomponer mis
sueños rotos y reinventar mi vida.

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