Otro día sentada en el banco,
una de mis fantasías favoritas es estar sentada en un banco de un parque,
¿fantasía o realidad? que más da, ¿importa algo? a mi no y ¿ a ti? tampoco
¿verdad?

Estaba como digo sentada en aquel banco esperando, mientras llovía, y la lluvia me acariciaba las mejillas, bufff no, que me mojo y me
pongo mala, luego me duele la garganta, mi punto débil, ¿sólo la garganta? No, hay más puntos débiles, pero aquí no los desvelo.

Sigo, sentada en el banco del parque mientras los rayos de sol
acariciaban mi cara, - esto si esta mejor me gusta mucho más, siempre el sol es más agradable y placentero que la lluvia. El sol que aparecía por el horizonte, dejando que la fuerza de sus rayos provocaran un combinación de colores anaranjados, rojos, fucsias y casi hasta granates en el cielo.

Aquel día, cualquiera que se hubiese fijado en mi habría pensado
que estaba loca ¿qué podía hacer una chica como yo, con pinta de niña pija, bajo el excesivo y crudo diluvio, propio del mes de enero, y sin importarle lo más mínimo el resto del mundo? -Que si,
me va mejor para contar la historia la lluvia, la lluvia me inspira más, aunque no me gusta, prefiero el sol.- Esta pregunta sólo la podía contestar yo, en ese momento esperaba que la lluvia se cambiase por nieve, esperaba que cayesen los primeros copos de nieve y para eso no dejaba de mirar el grisáceo cielo, que parecía cada vez mas bajo, más cercano. De pronto se me vino una imagen a la mente, un recuerdo, me veía corriendo y mis mencionadas lágrimas se confundían con los charcos, con los lagos, con los mares y los océanos.

Me perdía entre lloriqueos y gimoteos, zapatos mojados, pies fríos
y tu me mirabas, percibía como corrías, parecía que te evadías de mi, huías, te apartabas y de verdad es lo que pasaba. Me abandonabas, huías de todo el pasado junto a mi, te alejabas de mi cuerpo, de mi esencia, de mi olor, de mi pelo, de mis manos, y yo no comprendía por qué todo nuestro pasado salía corriendo, sin poder hacer nada, sin poder salvarlo, sin que saliera una palabra de tu boca ni de la mía.

Si nos hubiésemos dicho algo esas palabras se las habría llevado el viento, o quien sabe, si la lluvia esa sobre la que tanto me gusta escribir pero que no me gusta nada padecer, hubiese lavado esas palabras. Y así sentí como una puñalada en el pecho, en el fondo del corazón, o no, realmente en el hipotálamo, de esas puñaladas que se sienten dentro, en los sentimientos, en el fondo del espíritu, del alma, de esas que te producen escalofríos, los sientes
por todo el cuerpo, tiemblas, te estremeces , sufres, lloras,

Cuando me quise dar cuenta había dejado de llover, caían grandes copos de nieve que se posaban sobre mi cara, mi cuerpo, era nieve que cae en cualquier día gris de invierno.